Visita inesperada

Ilustración: Igor Sid.

Habían pasado apenas 11 días desde que los refuerzos imperiales, constituidos por la Flota Imperial y la Legión Titanicus, abandoran el sector Loky tras el final de la batalla por el planeta Rynn. Con todo un mundo por reconstruir y todo un capítulo que regenerar, las preocupaciones del Señor del Capítulo no hacían más que crecer. Demasiadas cosas por hacer y sin tiempo ya que Pedro Kántor, al igual que todos los hermanos de batalla, sabía perfectamente que en cualquier momento serían llamados a la guerra, con lo que debían de esforzarse en el campo de la logística durante este periodo de reposo. La población civil del planeta respondió mejor de lo que se podría esperar, superando las predicciones más favorables, una gran cantidad de voluntarios, tanto para las labores de reconstrucción, como a la hora de alistarse para formar parte de la defensa planetaria e, incluso, unirse al capítulo. Todo esto hacia que existieran varios centros de operaciones a lo largo del planeta en plenas condiciones operativas, capaces de coordinarse entre sí para guiar a los civiles en sus funciones, al Astra Militarum en su labor de defensa planetaria y a los diezmados Marines Espaciales para prepararse y reequiparse, poniendo especial atención al mantenimiento del armamento y vehículos, al igual que la contabilización y el estado de las tropas reales supervivientes a la guerra.

La runa de alarma se iluminó en el visor del casco de Pedro Kántor. A estas alturas, la supervivencia del Capítulo pendía de un hilo y, si ocurría algo tan importante como para llamarlo de esa manera, no podían ser buenas noticias.

— Kántor al habla, ¿qué es lo que ocurre?, ¿acaso los pieles verdes quieren que sigamos destripándolos?

— Aquí el oficial Elías Zerzo, de la torre de vigilancia Ebro 4, solicito su presencia en la zona de aterrizaje Génesis, situada cerca de su posición. Se ha detectado el inminente aterrizaje de una nave tipo Thunderhawk.

— ¿Y dónde está el problema, oficial? ¿Acaso es un ataque de alguna legión traidora aparecida de la disformidad? Si no es algo realmente importante, no me moleste con problemas logísticos menores debido a un fallo de comunicaciones…

— Disculpe que le interrumpa, pero el problema es que, pese a ser un aterrizaje no programado, la nave dice pertenecer a su Capítulo, los códigos de autenticación son correctos y, pese a tener su sistema de armas desactivado, el nombre y código de la nave no está en ninguno de los registros, aparte de que hemos sido informados desde el puerto orbital de la llegada de un crucero de asalto y su escolta formada por fragatas clase Gladius y clase Nova. Todas las naves mantienen el mismo patrón: códigos correctos y sistemas de armas en modo pasivo, pero con nombres no registrados. El sargento Bariax me ha ordenado comunicárselo mientras él se encarga personalmente de saber qué esta pasando…

Pedro hizo oídos sordos al ver cómo se acercaba un Land Raider a gran velocidad, frenando bruscamente cerca de él, abriendo apresuradamente su compuerta principal sin llegar a parar completamente, dejando salir al Sargento Valdeus seguido por dos hermanos exterminadores, nada de esto era normal y decidió cortar la llamada, los protocolos de comunicación habían sido inadecuados, por no decir algo peor.

— Sargento Valdeus, ¿puede explicarme por qué tengo al oficial de un puesto de vigilancia secundario, como es Ebro 4, llamándome personalmente para alertarme del inminente aterrizaje de una nave “fantasma” en esta posición?

— La verdad es que no. Nuestros sistemas de comunicación han sido interceptados, hemos venido a buscarle lo antes posible en el Escudo Sangriento para llevarlo hasta el espaciopuerto en donde nos están esperando la escuadra Phrenatas, la escuadra Grylinus y el hermano Rhodomanus, al igual que el resto de mi escuadra. Lo único que se sabe con completa seguridad es que sus naves usan el mismo esquema de colores y emblemas que nosotros, salvo el puño, cuyos dedos están pintados de azul en lugar de escarlata, sus naves usan códigos de seguridad actualizados, los movimientos de las mismas no demuestran intenciones hostiles, al igual que sus sistemas de armas están en modo pasivo y, por último, Señor, la base Ebro 4 aún no está operativa.

El Señor del Capítulo le lanzó una mirada furtiva y cargada de ira, la cual era capaz de adivinarse a través de las lentes del casco. Nadie entendía cómo era posible que se hubiera dado esa situación. Los fantasmas de la Legión Alpha o de los Bebedores de Almas comenzaron a aparecer por su mente. Si ese era el caso, estaba seguro de que sería el último día que viesen amanecer, y se aseguraría que todo el imperio lo recordase con sabor agridulce.

— No perdamos más tiempo, haz saber a nuestras naves que los mantengan vigilados, sin apuntarles directamente, sino fijándolos con los sistemas auxiliares de puntería. Así, en caso de que llegue el momento, podremos disparar antes de que sus armas puedan encañonarnos. Esto es una maldita locura.

Con un gesto afirmativo del veterano exterminador, Kántor y sus acompañantes entran al interior del Land Raider para dirigirse al espaciopuerto. Con un rápido movimiento, abre un canal directo con el Dreadnought Venerable, pudiendo organizar la defensa, según las diferentes amenazas que puedan surgir de la nave que se aproximaba. Una vez evaluados los teatros de batalla plausibles, se dirigió a todos sus hermanos explicándoles la situación y desplegandolos en escuadras reducidas.

Al llegar al espacio puerto, todos los preparativos de bienvenida habían sido minuciosamente realizados, manteniendo una falsa imagen de tranquilidad, como si les hubieran estado esperando desde hace años. La Thunderhawk no se hizo esperar demasiado, y tal y como se habían comportado hasta ahora, mantenían sus sistemas de armas en modo pasivo, aún así, los Puños Carmesíes se mantenían preparados para una última batalla. La nave se posó con suavidad ante ellos, dejando escapar unos chorros de aire a presión por el tren de aterrizaje, y por el frontal de la misma en cuanto su rampa principal comenzó a abrirse, los marines presentes tomaron una postura abiertamente defensiva, apuntando con todas sus armas al interior de la nave. Las parejas de bólteres pesados de la nave seguían apuntando al suelo, en el ángulo de 45° en -30° estándar, lo que indicaba que, en un principio,  no habría intenciones de un ataque sorpresa. Tras unos interminables segundos, una serie de figuras caminaron a paso lento por la rampa principal, evitando cualquier movimiento que fuese brusco en apariencia, el primero sería un capitán con armadura artesanal y crux de hierro, seguido por el portaestandarte de la compañía, aunque éste, sólo portaba el asta y la sujeción para colocar el estandarte que no existía, le seguía un templario negro, el grupo finalizaba en un sargento primaris, todos ellos portaban los colores y emblemas “incompletos” de los Puños Carmesíes, sus armas las tenían enfundadas en posición de transporte, y sus armaduras no mostraban ningún distintivo de batalla, como si no hubiesen combatido nunca, salvo el templario negro, el cual contrastaba demasiado entre sus compañeros, con detalles como el guantalete izquierdo pintado de escarlata, muestra de haber luchado junto a los Puños Carmesíes en la Cruzada de Declates, lo que sólo alimentaba la confusión, que mantenían en segundo plano, de los defensores de Nuevo Rynn.

Colocándose en paralelo unos de otros, los misteriosos Marines, se acercaron con paso marcial hasta situarse frente al Señor del Capítulo, momento en el que el capitán dio un paso al frente, mientras sus acompañantes se ponían en firmes, y saludó formalmente, colocando el puño en el pecho, de igual forma que lo haría cualquier descendiente de Dorn, gesto que fue devuelto por Kántor.

— Se presenta el Capitán de la 1° Compañía, Alexandro Vertêz, me disculpo, por las maneras en las que nos damos a conocer y nos presentamos, pero rara vez salen las cosas como están planeadas, y sufrimos un imprevisto en nuestro viaje.

— Señor del Capítulo de los Puños Carmesíes Pedro Kántor, lo que sé es que: no pertenecen a nuestro Capítulo, que él -dirigiéndose hacie el Marine de negra armadura- no es un auténtico Templario Negro, ya que no hemos sido avisados de su presencia, y que como podrá comprobar usted mismo, Capitán, nosotros también hemos sufrido cierto imprevisto últimamente.

— Tenemos mucho de que hablar, pero si me lo permite, tengo un documento el cual puede aclarar este malentendido, y demostrar nuestras auténticas intenciones.

El extraño capitán llevó con cuidado su mano derecha, hasta el bolsillo de su cinturón, de donde extrajo y ofreció a Kántor un sobre de papel. La situación era cada vez más extraña, ya que ese tipo de mensajes eran comunes sólo en la Altas Esferas del Imperio. El Señor del Capítulo se quitó el casco, afianzándolo en la cintura, antes de comenzar a leerlo.

— Estimado Señor del Capitulo Pedro Kantor, se me hace imposible ir personalmente para entregarle el mando de estas cuatro Compañías, adiestradas especialmente para que puedan ingresar bajo sus órdenes, en el orgulloso Capítulo Puños Carmesíes….

La voz del señor del Capítulo fue desapareciendo poco a poco, a medida que continuaba leyendo, hasta que finalmente concluyó la carta.

— … firmado por: A. Bellum Primarca de la Legión Cáliz de fuego. —Su voz cambio de tono completamente, elevando el bolter de asalto de su antebrazo, apuntandole directamente a los ojos atraves del casco — No existe ningún primarca con ese nombre, y las legiones desaparecieron con el decreto del Codex Astarte.

La situación paso de ser tensa a ser insostenible. Un falso movimiento o una palabra equivocada sería el final de todo.

— Ambos sabemos que os superamos en número, ¿serás el ejecutor de tu propio capítulo?, ¿el mismo capítulo que hemos venido a salvar, poniendo nuestras vidas, honor y lealtad a su servicio? Además, vuestra afirmación es inexacta, tengo entendido que hace años, tuvisteis cierto encuentro incómodo con el capítulo erróneamente llamado Geminis, y que poco después pudisteis disfrutar de la compañía de un inquisidor, por causa del avistamiento de una armadura Gravis, mucho antes de que se diesen a conocer.. — El tono arrogante o incluso burlesco, era la clara respuesta a la pose ejecutora del anfitrión, el cual retiró su arma. –

— Bajad las armas. – El desconcierto golpeó a los presentes, como el proyectil de un cañón demolisher lo haría contra una fortificación. — BAJAD LAS ARMAS, YA. – Necesitó gritarlo para que se hiciera efectiva la orden.

Los marines liderados por Kántor acataron la orden, poniendo en común el desconcierto que sufrían por los canales interfónicos a nivel escuadra. En ese preciso momento, Alexandro hizo un gesto al resto de ocupantes de la aeronave, de donde surgió una escuadra de exploradores empujando un contenedor con ruedas, el cual estaba lleno de una serie de iconos y estandartes Orkos.

— Este es el imprevisto que había mencionado, era el Waaagh Muertedezpazia, un ejército Orko basado en armas de gran calibre y vehículos ciertamente lentos pero letales, con gran cantidad de Gargantes y Fortalezas Rodantes que en su pasado serían Baneblades. Pretendían unirse al Waaagh Snagrod, no llegamos a tiempo para defender el planeta a vuestro lado, pero hicimos todo lo que pudimos por vosotros, para que tuvierais más posibilidades de resistir y sobrevivir.

— Y entonces ¿por qué vuestros guantaletes siguen siendo azules? – Levantó su puño de combate enfatizando la duda.

— Preferimos pintarlos después de liberar la primera batalla como Puños Carmesíes. — Kántor no pudo evitar esbozar una sonrisa por esa muestra de respeto.

— Tenemos mucho de que hablar, hermano, entremos al interior del espacio puerto. – tras estrecharse las manos, ambos líderes se dirigieron a sus subordinados correspondientes y poder reunirse todos. – Atención jefes de escuadra, agrupad a vuestros equipos y dirigiros al interior del hangar principal, avisad al resto de hermanos desplegados por todo el planeta con la situación actual, en cuanto se les releve de sus cometidos, tendrán que presentarse ante mi, al igual que a las naves estelares y al mismo puerto espacial.

— Señor, aquí el Capitán Olbyn Kadena, ¿cuál es la situación?, ¿podemos confiar en ellos?

– Lo sabremos en unos momentos, hermanos. Como le he dicho al Capitán Alexander Vertêz, hay mucho de que hablar. Respecto a la segunda pregunta, la Honor de Macragge volvió a casa y no hemos sido el objetivo de la Santa Inquisición, así que, al menos, podemos tener una reunión con ellos sin empuñar las armas.

7 comentarios sobre “Visita inesperada

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  1. Confieso que creía que no iba a interesarme la historia, porque en realidad no soy muy de marines quitando los que me gustan, como los Lobos y los Salamandras (esa fauna ahí) y la mayoría de las historias cortas de astartes me parecen genéricas, pero al final con tanto misterio me ha acabado gustando y me ha dejado con la curiosidad. ¿Lo continuarás?

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  2. Me ha parecido interesante … me gusta cuando no solo hay conflictos bélicos a gran escala, sino esta especie de diplomacia extraña de los Marines Espaciales … y las cosas van tomando giros inesperados.

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